Con actitud y determinación, venció 1-0 a Liga de Quito y comparte la cima del Grupo G de la Libertadores con el equipo ecuatoriano. Agustín Cardozo convirtió el único gol del partido.

Cuando no hay brillo y se acortan las ideas, lo que no puede faltar es la actitud. Así lo entendió Lanús, que sacó adelante un partido bien típico de Copa Libertadores: friccionado, cerrado, con muchas mañas y poco margen para un juego vistoso. Es justamente lo que vino a proponer Liga de Quito, acostumbrado al roce internacional, que llegaba invicto y líder del grupo, con seis puntos y sin recibir goles.
Al equipo de Pellegrino le costó el primer tiempo. Si bien tuvo la chance más clara con un remate de Marcelino Moreno al travesaño, le faltó claridad en ataque y no pudo ser profundo cuando lo intentó. Una imagen repetida de los últimos partidos. La ausencia de un nueve natural, otra vez con Carrera en esa posición, tampoco ayuda cuando las cosas no acompañan.

El elenco ecuatoriano no abandonó nunca su libreto: planteo poco audaz, buscando un partido largo y sin mirar el arco de Losada. Durante casi 75 minutos, le dio resultado. Hasta que el Granate lo abrió, a partir de una pelota parada. De un córner de Marcelino, la pelota volvió al 10 tras un despeje y Moreno sacó un centro magnífico al segundo palo que encontró libre a Agustín Cardozo. Sí, a Pitín, que volvía de una lesión y a tres minutos de ingresar, ensayó una pirueta bárbara para superar la resistencia de Gonzalo Valle.
Con alma y espíritu copero, Lanús justificó el 1 a 0 por intensidad y búsqueda. Casi no lo sufrió y en el final pudo liquidarlo con un remate de Marcelino que exigió al arquero y alguna contra de Dylan Aquino. Otra vez la solución vino desde el banco, como con Valois frente a Banfield y Always Ready.

El Grana cumplió, hizo los deberes y ahora se acomodó en el Grupo G. Trepó a la cima con seis puntos al igual que Liga de Quito, a la espera de lo que pase mañana con Mirassol y el equipo boliviano, próximo rival en los 4.150 metros de El Alto.