La imagen recorrió las redes y sorprendió a más de un hincha granate: un plantel femenino de Nueva Zelanda salió a la cancha con la camiseta de Lanús. Detrás de esa foto está Santiago Rey, un argentino radicado en Wellington que dirige al Island Bay United AFC y que logró transmitir a sus jugadoras parte de la identidad y los valores que lo acompañan desde su vínculo con el Grana. En una charla con Fortaleza Granate, contó la historia detrás de este particular vínculo entre Lanús y Nueva Zelanda.

La historia detrás de ese momento conecta a Lanús con un rincón inesperado del mundo. Rey, actual entrenador del primer equipo femenino y coordinador del fútbol femenino de Island Bay United, llegó al país oceánico en busca de un cambio de vida y terminó construyendo un proyecto deportivo en el que la identidad, el sentido de pertenencia y los valores que encontró en Lanús se transformaron en pilares de su forma de entender y enseñar el fútbol.
Durante la entrevista, contó cómo nació esta historia y recordó el día en que sus jugadoras lo sorprendieron con un gesto inolvidable.
¿Qué te llevó a radicarte en Nueva Zelanda, hace cuánto tiempo vivís allá y a qué te dedicás? Además, contanos cómo fue el camino que te llevó a involucrarte en el fútbol local y a convertirte en director técnico del equipo femenino de Island Bay United.

“Allá por el 2018 no venía muy bien. Estaba en un trabajo que no me hacía bien, y mis cosas en la vida en general no tenían un rumbo muy definido, calculo que los 27 rara vez caen bien y tenía esta sensación muy grande de que si no generaba un cambio rotundo en mi vida, me iba a costar mucho salir de donde estaba. En ese momento, con un hermano que me dio la vida, estábamos en búsqueda de qué hacer para poder romper con todo lo que nos estaba atando, y la posibilidad de la working holiday apareció en fb. La verdad es que no lo charlamos mucho, había que literalmente vender todo y con esa plata empezar de vuelta, y lo decidimos en menos de una semana.
Llegamos en el 2019, y a fines de ese mismo año, mi pareja pudo viajar para unirse a este nuevo comienzo. Una experiencia única realmente, llena de desafíos, de muchísimos momentos de crecimiento y autodescubrimiento. Anduvimos por varias partes del país, mayormente trabajando en la cocina, con algún que otro laburo de por medio. Después de conseguir la residencia, ya habíamos decidido vivir en Wellington, que nos daba un poco de todo, pero más que nada, la posibilidad de socializar mucho más y más oportunidades de crecimiento.
Cuando recién llegamos, hace 3 años, lo primero que hice fue buscar un equipo donde empezar a jugar. Al poco tiempo, me lesioné, y tuve que parar por un rato, y para volver, empecé a jugar en indoor, que es un estilo de mezcla entre showbol y papi. Eso me dio la oportunidad de conocer mucha gente que ya estaba metida en distintos clubes y cosas relacionadas al fútbol, y me encendió por primera vez la pregunta de tal vez meterme de alguna manera.

Así, hablando con Mica, mi pareja, me empezó a alentar para que intente involucrarme en un club. El tema es que no tengo ninguna experiencia como entrenador, y soy el típico jugador de papi con amigos o de torneo de domingo. Mi amor por el fútbol nació con el grana, y siempre me fascinó la parte táctica del juego. Poder hablar y compartir sobre fútbol es algo que me apasiona y tal vez podía compartir eso con algún equipo y ayudar.
Había hecho un pequeño curso de entrenador anteriormente, claramente no era suficiente como para sentirme confiado, pero al menos fue un primer paso. Y un día mirando en los grupos de fútbol de Wellington, vi un post donde se buscaba un voluntario para dirigir al primer equipo de mujeres de Island Bay. Escribí un poco sobre mí, mi poca experiencia pero mis ganas enormes de poder aportar y tal vez ayudar a formar un equipo que tenga una identidad. Y así es como empecé, caí un día en uno de los partidos, con una re vergüenza, conocí al equipo y de a poco me fui soltando, probando y aprendiendo cosas.
Mi forma de entrenar está muy ligada al autoconocimiento, los valores y la libertad de expresión, donde mi prioridad es que cada jugadora pueda descubrir algo de sí misma y que pueda lograr expresarlo en la cancha. Hubo muchos desafíos, más que nada ligados a la diferencia cultural y la forma de vivir, pensar y sentir el fútbol, así que tuve que ser muy creativo para que mi mensaje llegara e intentar volcar nuestra forma de ver el fútbol en un lugar totalmente distinto. Creo que eso fue la clave de la unión tan grande que hoy tenemos como equipo, y el cariño inmenso que nos tenemos mutuamente”.

Como hincha de Lanús viviendo a miles de kilómetros de Argentina, ¿cómo mantenés vivo tu vínculo con el club y de qué manera esa pasión influye en tu forma de trabajar y transmitir valores dentro del equipo? ¿Cómo seguís a Lanús teniendo en cuenta la diferencia horaria?
“Lanús es mi vida, y está conmigo en todo momento y en todo lugar. Siempre tengo algo encima, sea la camiseta, un buzo, una gorra, stickers en donde sea, llaveros, mochila, todo. Así que si me reconocés, primero que todo va a ser por ser del grana.
Muchos de los partidos los veo en el laburo, lamentablemente por el horario, pero mis jefes aprendieron con el tiempo que una de mis condiciones es al menos poder escucharlos, cosa que a veces les cuesta entender con partidos ‘no importantes’, pero esas cosas no se explican.
Después más que nada sigo conectado gracias a las redes sociales, y a los excelentes medios partidarios que tenemos que te hacen sentir tan cerca todo el tiempo. Si hay una sola cosa que tendría que decir que extraño más que a nada, es ir a la cancha, y todo lo que eso significa. La preparación y los nervios la noche anterior, la emoción de levantarte sabiendo que hoy voy a ver al grana, vestirse de gala, el viaje… No hay nada que se le compara. Son esas cosas que a veces parecen chiquitas cuando lo hacés siempre, pero cuando estás tan lejos, entendés lo enorme que es cada una.
Y esta pasión tan grande, es la que compartí con ellas desde el primer día. Lo que Lanús y el fútbol significan para mí y cómo atraviesa mi vida en varios aspectos. No es simplemente un juego, y el poder compartir eso, creo que generó un impacto mucho más grande de lo que esperaba.
En muchísimas de las conversaciones que tenemos, siempre está Lanús, y una gran base de mi filosofía de fútbol parte de nuestra forma, de nuestro ADN y nuestra historia como club. Y no solamente como equipo de fútbol, sino como barrio, como comunidad, como lugar de pertenencia, como identidad. Los valores del esfuerzo, del trabajo, de confiar en el proceso, de la unión y de tirar todos para el mismo lado. De disfrutar las buenas pero de bancar a muerte en las malas.

Y Lanús está siempre entrelazado en muchos de los trabajos que realizamos. Una de las cosas fue que al pensar los ejercicios para las sesiones, y querer mostrar videos para explicar la idea, siempre utilizaba videos de Lanús. Lo que más conozco es al grana, y hemos tenido grandísimos equipos, DTs y jugadores, y tengo miles de ejemplos en mi cabeza para mostrar cualquier tipo de jugada que quiera.
En gran parte, es gracias al grana que hoy puedo desarrollarme como técnico, por haberme dado este amor y esta pasión tan grande por el fútbol, pero también haberme inspirado con sus valores y su historia”.
¿Cómo nació la iniciativa de que tus jugadoras te homenajearan jugando con la camiseta de Lanús en el último partido del campeonato, y qué sensaciones te generó ver los colores granates en una cancha de Nueva Zelanda?
“La verdad es que no tenía ni idea sobre las camisetas. Y todavía no sé bien del todo cómo hicieron para conseguirlas jajaja, imagino que habrá llevado bastante tiempo para planear y mucho esfuerzo.

Ese último partido, nos estábamos jugando el ascenso contra Wellington United, así que los nervios y la ansiedad estaban al máximo. Siempre nos juntamos una horita y algo antes de los partidos para charlar y compartir el rato, tener la charla táctica y enfocarnos. Ese día, yo estaba de acá para allá, comiéndome los codos y pensando en el partido, y ellas se habían ido al vestuario para prepararse.
Lo raro es que estaban tardando más de lo normal, hasta que una de ellas me vino a buscar para decirme si iba a dar la charla. Apenas entré, veo que estaban todas con la camiseta de Lanús, y literalmente quedé en shock. No me salían las palabras, y tenía un conjunto de sensaciones que eran imposibles de explicar.
Fue un orgullo inmenso, seguido de mil recuerdos que me venían a la cabeza, alegría, emoción y todo lo que había significado llegar hasta ahí. No podía parar de agradecer y de realmente no poder creer el gesto enorme que habían tenido conmigo.
Y lo más fuerte fue entender que ellas habían visto todo eso en mí, y que habían entendido que Lanús es mucho más que simplemente un equipo, sino que es parte de quién soy.
El salir a la cancha y ver a mi equipo vestido de granate, no tiene explicación. El orgullo y la emoción son enormes, y creo que todavía hoy, meses después, todavía no puedo creer que haya pasado. Es realmente un recuerdo que me va a quedar para toda la vida sin dudas, y que voy a estar agradecido para siempre”.

Después de vivir una experiencia tan especial, ¿qué significado tiene para vos que la identidad de Lanús haya llegado tan lejos y qué mensaje te gustaría compartir con los hinchas granates?
“Creo que es difícil de poner en palabras lo que significa esto para mí, pero que tal vez todo hincha del grana va a entender.
Lanús es el viejo, el abuelo, la familia, los amigos. Es haber nacido y tener tu conjunto de Lanús antes que cualquier cosa. Es los abrazos, las risas, la alegría, la tristeza y el sufrimiento. El compartir, el asado, la previa y la salida. Tomarte el roca o el 51. Es esa emoción en el pecho saltando en la tribuna esperando que salga el equipo, los gritos de aliento hasta quedarte sin voz.
Es construir una vida alrededor de la camiseta. Es inexplicable todo lo que Lanús significa, porque está mezclado con demasiadas cosas de nuestra vida.
Y el poder tener la oportunidad de compartir todo este amor inmenso que tengo por el grana, además de generar una identidad propia, con los valores que nos identifican, a miles de kilómetros, es algo sin igual.
Mi camino recién empieza, y tengo muchísimo por aprender y recorrer, y muchísimas más por equivocarme, pero cosas como esta me dejan en claro que compartir nuestra historia y seguir nuestros valores son fundamentales para cualquier proyecto que nos propongamos en la vida, y que sea o no relacionado al fútbol, el grana me enseñó mucho más que correr atrás de la pelotita”.

A miles de kilómetros de La Fortaleza, la camiseta granate volvió a demostrar que puede llegar a lugares impensados. Esta vez fue en Wellington, donde un grupo de futbolistas neozelandesas decidió homenajear a su entrenador vistiendo los colores de Lanús. Una imagen inesperada que nació de una historia personal, pero que terminó reflejando algo que todo hincha entiende: el sentido de pertenencia no conoce distancias.