El equipo copero de Pellegrino enhebró una nueva hazaña para ser Recampeón de América en el Maracaná. Una noche épica de lluvia, goles memorables en el alargue y un título que engrandece aún más a un club que parece no tener techo.

Lanús, siempre Lanús. Un equipo copero, cada vez más respetado en el continente. Digno de enormes hazañas y gestas futbolísticas. Campeón en Asunción y en el Maracaná. El cuco de los brasileños, tan fuertes en el último tiempo. Vasco da Gama, Fluminense, Mineiro y ahora Flamengo. Que pase el que sigue…
La noche del 26 de febrero, que terminó con la Recopa en los albores del 27, tuvo tintes épicos desde el inicio. Por el histórico banderazo en las playas de Barra de Tijuca. Por los más de 3.500 granates que se movilizaron bajo la lluvia en combis, micros y en metro para llegar al Maracaná. Un estadio mundialista con 65 mil torcedores del poderoso Flamengo, silenciados por la Bestia Sudamericana.

Las atajadas de Losada que nunca faltan. El error de Rossi y el golazo a distancia de Castillo. Los penales que llevaron la definición a un sufrido alargue. El cabezazo de Canale, que sirve para cerrar un poquito la herida de aquel de Braghieri en el Arena do Gremio, nueve años después. Y la corrida memorable de Dylan Aquino, acostumbrado a los Maracanazos. Cada momento lo fue haciendo más heroico y glorioso. Otra jornada que pasará a la historia grande.
Segundo título internacional en tres meses, de la mano de un laborioso Pellegrino, que supo ganarse el reconocimiento de los hinchas a base de logros impensados en su llegada al Granate. La novena estrella para el octavo club más ganador en la historia del profesionalismo del fútbol argentino. El quinto con más finales internacionales. Números soñados que ilustran el crecimiento exponencial de un Lanús que parece no tener techo.

¿Qué más hace falta para engrandecer a un club gigante en las últimas tres décadas? Algunos dirán la Libertadores. Puede ser. Este equipo tiene con qué ser candidato. Temido en los mata-mata. Nunca te deja a gamba y se le planta a cualquiera. Si no desarma la base, está en condiciones de dar el gran golpe continental.