Lanús representó con honor al fútbol argentino. A puro corazón se llevó puesto a Flamengo, campeón de América, en la ida de la Recopa. El equipo de Pellegrino buscará un nuevo Maracanazo para seguir trascendiendo en el continente.

Lanús no se achica. Por el contrario, los desafíos importantes lo agrandan. Saca energías hasta de donde no las hay. El concepto de equipo, en la amplitud de la palabra, refleja la unión grupal y el compromiso por el otro.
Lanús es cosa seria. Los gigantes brasileños no son un obstáculo en su objetivo. Ya lo demostró ante Fluminense y Mineiro en la última Sudamericana. Ahora le hizo frente y superó en muchos momentos al multimillonario Flamengo.

Lanús es mucho más que individualidades. Tiene una mixtura perfecta entre jóvenes y referentes de experiencia. El despliegue colectivo anuló a los creadores de juego del rival, que estuvo a unos penales de coronarse en el Mundial de Clubes ante PSG. Más allá de piezas imprescindibles como Marcelino y Castillo, que no pueden faltar, fue una victoria de equipo.
Lanús es barrio, es familia. Identidad y sentido de pertenencia. Su gente que estuvo a la altura de una final internacional, en convocatoria y aliento permanente. Fue el sostén desde afuera para acompañar lo que pasaba adentro.

Lanús es, por sobre todas las cosas, el orgullo de un país. El mejor exponente de un devaluado fútbol argentino, sin peso específico de los ‘grandes’, que tiene al Granate cada vez más gigante en el continente. La auténtica Bestia Sudamericana, que le presenta batalla y dificultad a cualquier adversario. Para sacarse el sombrero.
Lanús está a un paso de la gloria. A tres meses de Asunción, otra vez a las puertas de una estrella. La novena. Un trofeo, la Recopa, que aún no tiene. Por lo visto en los primeros 90 minutos, la merece. Pero queda la otra mitad. Tal vez la más compleja, por el escenario en contra. No importa. Este equipo tiene con qué. El Lanús de las hazañas y los grandes hitos internacionales. ¡Vamos por otro Maracanazo!
Fotos: Grego Gastaldi para FG

