NO NOS FALLEN

Les voy a ser sincero… es la segunda vez que empiezo a escribir algo como esto. El texto anterior estaba casi terminado, pero no me convenció. No era lo que buscaba cuando lo empecé. Es normal que cuando uno esté un poco sensible o molesto no encuentre las palabras justas para expresar lo que siente. O que primero le gusten y después le desagraden. Es muy entendible. Nos encontramos en la víspera de un acontecimiento deportivo que a los hinchas del fútbol nos pone los sentimientos a flor de piel. Pero lo voy a intentar una vez más. A ver si el segundo tiro da en el blanco…

Me dirijo a ustedes, jugadores del plantel profesional de Lanús, que el domingo se fueron de La Fortaleza cabizbajos, entre murmullos y reproches. Sí, a ustedes, que seguramente seguirán molestos por esa agresión cobarde que recibió Fritzler luego del tropezón contra Argentinos Juniors. Las cosas no están saliendo como se esperaban, supongo que lo saben como nadie. Lejos de eso, no sólo se está mal en lo futbolístico sino que además suceden episodios extraños y lamentables que están más allá de la pelota. Aunque ya habrá tiempo para hacer ese tipo de preguntas y para exigir las respuestas…

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Ahora, mientras las agujas del reloj avanzan a paso firme y la ansiedad aumenta a niveles extremos, la atención se la lleva el partido del domingo ante Banfield. Ni más ni menos. El Clásico del Sur, ese que tiene la chapa suficiente para agrandar a vencedores y para avergonzar a vencidos. El que te salva un año que pintaba para fiero o el que le pone un punto final a un proceso. El que a ustedes puede convertirlos en ídolos o alejarlos definitivamente de la gente. Es así de fácil y así de cruel. Parece exagerado, pero es así. Hay que entenderlo. ¿Se puede perder? ¡Por supuesto que sí! De derrotas se trata el fútbol también. Lo que no se permite es jugarlo sin carácter o sin fuego interno. Sería imperdonable. Condenable.

¿Sabían ustedes, jugadores, que están en un lugar de privilegio? ¿Son conscientes de que hay miles de hinchas que darían lo que jamás soñaron para jugar aunque cinco minutos con los colores de su vida? Imagínense, entonces, lo que sentirán en un clásico de este tipo… Si ellos pudieran, dejarían la piel en el césped. Estoy seguro que lo saben y que lo tendrán en cuenta ni bien pongan un pie en el estadio Florencio Sola. No sólo son tipos afortunados, también son inteligentes. Si no lo quieren hacer por ustedes, háganlo por nosotros, los hinchas, que estamos siempre en las buenas y en las malas. Y serán retribuidos. Dejen la vida. Jueguen con el corazón en la mano. No nos fallen.

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