4D: El primer grito sagrado

Hoy se conmemora el 27° aniversario de la histórica gesta de Lanús, el único campeón argentino en tierras colombianas. Aquel 4 de diciembre de 1996, el equipazo que dirigía Héctor Cúper cayó 1 a 0 ante Independiente Santa Fe en el Campín de Bogotá, aunque el 2 a 0 de la ida le permitió alzar la Copa Conmebol, el primer título internacional de su historia.

 

Ocurrió hace ya 27 años. Sí, más de un cuarto de siglo, si bien parece que fue ayer. Se produjo en la frontera del miércoles 4 y el jueves 5 de diciembre de 1996. ¿El escenario? El estadio “El Campín” de Bogotá, donde el local Independiente Santa Fe recibía a Lanús con 53.000 espectadores que gritaban sin cesar. El estadio era un hervidero. El calor apretaba y los nervios estaban a full. Lanús había ganado la primera final -el 20 de noviembre- por 2 a 0 y viajó hacia Colombia confiado en sus fuerzas. El rival no había hecho mucho, pero se lo respetaba porque de local era imbatible.

El partido arrancó a las 23 horas argentina y se prolongó hasta la 1 de la mañana del jueves. Los que no pudieron viajar siguieron el partido por radio y otros a través de la televisión -señal de cable- que por entonces no estaba tan difundida como en estos tiempos. ¿La misión? Sostener el empate o en el peor de los casos, le permitía al Granate perder por una diferencia de un gol. Pero el partido se hizo interminable ya que, al minuto de juego, el equipo cafetero se colocó en ganancia mediante un penal pateado por Wittingham que “Lechuga” Roa no pudo detener….


¡Quedaban 89 minutos para aguantar!

Allí aparecieron los leones Granates con Armando “Urraca” González a la cabeza para enfriar el partido, manejar los tiempos. Roa que parecía más grande para tapar un arco que era bombardeado con centros. Gustavo Falaschi y Gustavo Siviero rechazando todo. Cesar Loza aportando su experiencia. En el medio, el “Chango” Cravero con su despliegue incansable, Ariel “Caño” Ibagaza haciendo la pausa y abriendo la cancha junto con su compadre Hugo Morales. Adelante la potencia de Gonzalo Belloso que iba e iba contra los morenos locales que muchas veces caian en faltas tácticas.

Los minutos pasaban, se llegó al segundo tiempo. Acá en Buenos Aires la gente agrupada en el Micro estadio herbía mientras seguía las intancias del partido por pantalla gigante. Ariel “Chupa” López luchaba contra toda una defensa, Claudio Enría en los últimos 16 minutos tuvo una oportunidad. Luego ingresaron el “Flaco” Claudio Lacosegliaz y Juan “Tiburoncito” Serrizuela. Ya faltaba poco, se estaba concretando el primer título internacional de la historia de Lanús…

Pasaron por la cabeza de muchas antiguas frustraciones. Los diarios por esa hora estaban cerrando su edición y se retrasaron para dar la noticia. Ya casi llegamos a la 1 del día jueves. En Lanús nadie dormía. La radio volvió a tener ese protagonismo olvidado en muchos hogares. Aquellos últimos tres minutos fueron más largos que tres siglos… hasta que don Antonio Pereira (Brasil) tocó tres veces el silbato para indicar el final del partido. Parecía irreal pero era cierto. ¡Lanús campeón!

 

Ya conoce lo que es ser campeón

No podía pasar mucho tiempo más sin que la palabra campeón se le acoplara a Lanús. Esta vez había equipo, dos goles de ventaja, un modelo nuevo de camisetas que -llegadas a Bogotá cuatro horas antes del partido- no podían fallar, y encima un dirigente había regado el vestuario con alcohol para espantar la mala onda. Entonces, lo que venía siendo una fuerte sospecha se transformó en una justa realidad y la Copa Conmebol pasó a ser el habitante de lujo del hogar de Lanús. Atrás quedaron los 81 años de andar por el fútbol sin demasiadas alegrías, sin demasiado ruido. El maleficio que no pudieron romper ni los inolvidables “albañiles” Silva y Acosta, allá por la década del 60, vino a despedazarse en El Campín para que Lanús fuese campeón de una vez por todas.

El equipo de Héctor Cúper tumbó a los bolivianos del Bolívar, a los paraguayos de Guaraní, a Rosario Central y a Independiente Santa Fe. Es cierto que aquí, en la noche del miércoles, perdió 1-0, pero los goles de Mena e Ibagaza en Argentina hicieron que igual la Copa se posara en las manos del capitán Armando González. Así, sufriendo en el arranque del encuentro y controlando el desarrollo después, Lanús gritó que era el mejor y disolvió esos calificativos que cargaba como un estigma.

Fue como haber ganado una Copa del Mundo. Los llantos brotaron por todos lados y enseguida llegó ese símbolo del deseo llamado vuelta olímpica. Y don Domingo De Luca (68 años, vitalicio y con tres by-pass a cuestas) también tuvo su sonrisa. Claro que antes de ir a la cancha, para esquivar el final del Viejo Casale en un cuento de Fontanarrosa, se había tomado algunas pastillitas.

La onda expansiva de la euforia reventó el vestuario. “Es para Banfield que se va para la B”, cantaban. El Búfalo -o Mojarrita- Belloso era el más desaforado y Cúper no podía escaparle a los abrazos. Pese a la corrección de los colombianos -aplaudieron de pie a Lanús-, plantel, hinchas y periodistas argentinos salieron del estadio en tanquetas del ejército.

El postre llegó en el imponente hotel La Fontana. Lechuga Roa lo peló al Caño Ibagaza y hasta le mamarracheó la inscripción “Lanús” en un costado de la cabeza. Era Ibagaza el que incitaba a moverse al compás cumbiantero de Luna Nueva. Huguito Morales lo seguía, Cravero mostraba que era más apto para volantear que para el baile, y unos diez hinchas revoleaban servilletas. Ayer, en el vuelo de regreso, la pobre Conmebol se paseó tanto como las azafatas. Y en las calles de Lanús fue una fiesta de nunca acabar.

Más allá de que cada jugador recibirá 16 mil dólares de premio, esta Copa Conmebol tal vez no cambie demasiado las cosas. La Urraca González seguirá siendo, por los 17 años de andar por el club mate en mano, el padre del grupo. Falaschi continuará leyendo sus libros (lo llaman el “Valdanito” del plantel). Loza y Enría dormirán hasta muy tarde como siempre. Rómoli será el más divertido. Y Roa, el más medido de todos (se fue de la cena porque “esta de festejar es una sensación rara”. Pero hay un hecho irrefutable: fueron los mejores y ahora son la historia viva de Lanús.

 

Cúper: “Demostramos que no somos gallinas”

Después de que Lanús terminó de escriturar la Conmebol, una figura de saco y corbata voló por el aire y terminó sobre el pasto mojado de El Campín. Era Héctor Cúper el que aterrizaba con una sonrisa abrochada en su cara. Estaba inmensamente feliz por este, su primer título como entrenador. “Es como si me acabaran de dar la Copa del Mundo”, decía Cúper.

Ya en el hotel, más tranquilo, habló con Clarín. “Lanús demostró ante los colombianos que no es un equipo gallina. Si no ganábamos antes era porque no se nos daba. Ahora por fin tuvimos una a favor. Creo que la Conmebol la ganó el equipo que mejor fútbol mostró”.


-Con el gol tempranero de Independiente Santa Fe, ¿pensó que se le venía la noche?

-Tuvimos veinte minutos de gran nerviosismo, cometíamos errores tontos en el fondo y eso me intranquilizaba. Pero igual tenía fe en que nos íbamos a llevar la Copa. Ibagaza interpretaba bien el partido, y con las cuatro situaciones de gol que tuvimos hasta pudimos ganarlo. Y no importa que hayamos perdido 1 a 0. Este no era un partido más: acá había que ganar o ganar la Conmebol.

-¿Un título se festeja más como entrenador o como jugador?

-Lo que más se disfruta es lo último. Aunque por ahí no lo exteriorice, hoy estoy verdaderamente feliz. Hasta hubiese bailado si los muchachos me invitaban a seguirlos alrededor de las mesas. Soy un buen bailarín.

-¿En qué cambia la vida de Héctor Cúper a partir de este título?

-Es simple: ahora soy un técnico campeón.

 

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Fuente:
Clarín Digital y Fútbol Granate

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